Hoy se cumplen las Bodas de Oro de la banda de rock más grande del mundo. El 12 de julio de 1962 los Stones debutaban en el mugriento Marquee de Londres ante un menudo público que probablemente ni siquiera sospechó que estaba siendo testigo de un puntapié crucial en la historia de la música. Muchos millones de seres humanos en el mundo sufrimos terribles problemas para explicar nuestra vida sin referirnos a una de sus canciones o a alguno de sus discos o alguna de sus giras y sentimos este día como nuestra verdadera navidad. Como tal, se abre hoy una etapa de dulce expectativa con lo que viene, en este caso una nueva cadena de shows a lo largo del planeta confirmada ayer por el divino señor don Keith Richards.
La vida es trabajo y sufrimiento, ha dicho el filósofo alemán Arthur Schopenhauer.
No lo dijo por nadie en especial, pero en el fondo del mar sabemos que quienes mejor retratan ese pensamiento son las amas de casa.
Seres postergados y víctimas de la cruel explotación, ellas encarnan uno de los resultados más brutales de la dominación masculina; deporte que atraviesa todas las ideologías, religiones y culturas del planeta.
Si de trabajar se trata, nuestras homenajeadas de la fecha lo hacen las 24 hs: de día, cuidando de la casa y de los niños, del jardín y de las cuentas, de la vereda y del aseo; de noche, intentando satisfacer a cascoteados maridos, alienados por el devenir cotidiano, incapaces de reconocer esfuerzo alguno y siempre listos para proveerlas de toda clase de mamporros ejemplificadores.
Y el sufrimiento es todo lo que consiguen como recompensa, ora por efecto de la paga a soplamoco limpio, ora por la ingratitud de los asquerosos niños que ha traído al mundo, una vez más, con un dolor que les ha sido reservado exclusivamente a ellas.
Sabias y melancólicas palabras las del poeta Charles Bukowski, quien ha sabido decir: "Largas caminatas nocturnas son buenas para el alma: viendo furtivamente, a través de las ventanas, extenuadas amas de casa intentando escabullirse de sus frenéticamente encervezados maridos".
Esta sensible observación disparó en Volumen III la necesidad de seleccionar una serie de canciones a manera de homenaje. Y la dedica a todas las amas de casa del mundo.
¡Mirá que en los años sesenta para ser yanqui y comunista había que tener flor de cojones, man, eh!
Ella además era mujer y... ¡¡¡negra!!! ¿Algo más rockero en una sociedad donde el deporte nacional era colgar a un negro, cuando no se optaba por el incendio público o la violación reiterada?
Pleno auge del segregacionismo racial, un despelote. Pero también pleno auge de los movimientos civiles que reivindicaban los derechos de las minorías negras, de los que ella era una de las figuras más vigorosas.
"¡Qué valor, Angelita!", pensaban los pibes de la barriada cuando la papusa era noticia.
Y lo era muy seguido porque luchaba como una pantera, cosa que por buchonaje del FBI le costó la expulsión de la Universidad de California, donde enseñaba filosofía, y hasta una causa judicial en un caso de secuestro y homicidio que la mandó en cana.
Inquieta y mal llevada, la morocha se fugó de la cárcel y estuvo prófuga hasta que la agarraron meses después en un hotel rutero de por ahí. La enjuiciaron pero la mentira, siempre petiza, no fue muy lejos: Angela quedó libre y siguió peleando como a ella le gustaba.
Nunca se dejó intimidar. Nunca se permitió retroceder. Siempre fue por más. Ningún poder la apichonó. Ovarios y tetas al frente. Comunista, mujer y negra ¿algo más? Sí: lesbiana. ¡Le gustaban las papusas!
Un personaje inconmensurable, de esos que no pasan el filtro de las corporaciones mediáticas norteamericanas, que prefieren vendernos a Britney Spears. Sin ofender.
Obviamente, Angelita inspiró a muchos. Vayan estos cuatro por ahora.
Jesse James fue un célebre bandolero del far west norteamericano.
Un día como hoy, hace 146 años, perpetraba junto a sus cuates uno de sus más renombrados atracos a un banco, dando lugar a un episodio de esos que a mi padre le complace ver en la siesta de los sábados, patas para arriba, en su somier nuevo.
Todo esto es una excusa para poner un tema de Ron Wood, inefable segunda viola de los Rolling Stones, personaje simpático, drogadicto entusiasta, borracho entrañable y pintor nunca bien ponderado.
¿Qué tiene que ver Ronnie con aquél buen ladrón a caballo? No mucho, pero se ve que lo admiraba porque bautizó a uno de sus hijos con su nombre.
Wood es el Stone más prolífico como solista. Esta canción de su álbum I've got my own album to do, en la que participa Mick Jagger, se llama I can feel the fire, acorde con estos días de tanta papusa en paños livianos.
Si vieron el video de James Brown y piensan que salir al escenario después de eso es tarea de titanes o en su defecto de locos de atar, en principio estoy con ustedes: lo de ese muchacho fue algo completamente demoledor. Pero no lo fue todo. Por aquella época un alegre grupo de cinco muchachos londinenses hacía su segundo intento por entrar al mercado yanqui bajo el imperativo excluyente de no fallar bajo ningún concepto. El destino, como queriendo jugarles una broma de mal gusto, les puso a James Brown como número anterior, el mismo día, en el mismo programa. Cualquier banda hubiese acusado el golpe, enfundado la mandolina y pegado la vuelta a nado limpio por las frías aguas del Atlántico. Pero, señores, ellos eran los Rolling Stones y no tuvieron ningún reparo en tomar el toro por la cornamenta y hacerlo bife. Aquí está el registro. Viva el Rock & Roll.
En un viaje de pepa, naturalmente. Esta canción se llama On with the show y fue editada en el 67 como parte del disco Sus majestades satánicas. Un flash total. Feliz lunes de rarezas.