domingo, 11 de marzo de 2012

El cover de la semana

Cada vez que llega la hora de volver al oeste viene esta melodía fantástica de Javier Martínez que algunos han sabido recoger con magnífico sentimiento. Este es el cover de la semana para ustedes, mientras yo encaro para la estación Caballito. 




miércoles, 7 de marzo de 2012

De los Waters que cantan me gusta Muddy

Parece que a fuerza de repetición los medios de comunicación pueden hacer caer las más sólidas convicciones personales. Así me siento yo por estas horas, en el marco de semejante insistencia mediática con el tan rico y famoso como polémico visitante, don Roger de las Mercedes Waters. 
No es que este foro se proponga discutir las virtudes musicales del inglés en cuestión; más bien se propone patalear por la histeria generada por un muchacho que, sin ofender, en el terreno del carisma pierde por goleada contra un ladrillo.
Como el salmón, Volumen III, arremete contra la corriente y mete la mano en la lata del olvido para rescatar a otro Waters, uno ya fenecido pero aún así mucho más visceral y desfachatado que el canoso bajista de Pink Floyd. Se trata de un  hombre de honesto apetito general, sin pelos en la lengua ni efectos en la guitarra, tal como lo demuestran estas insignes tonadas que siguen a continuación. 
Señores, es Muddy Waters. Bebed todos de él.    



jueves, 26 de enero de 2012

Felicidades Eddie

La historia cada tanto se pone con una sorpresa que rompe el orden de las cosas y plantea un nuevo escenario. De pronto, aparece algo más o menos original y genera una atmósfera fresca que llena los pulmones de aire puro en lo que hasta entonces era un espantoso escenario de cosas conocidas y rutinarias. 
En la música un día apareció Chuck Berry, un muchacho que manipuló un poco los acordes del blues para crear nada menos que un coso llamado Rock n' Roll. 
Más tarde, como quien no quiere la cosa, llegó Jimi Hendrix, que con una Stratocaster standard armó tal desparramo que todavía hoy los científicos encuentran pedazos de vidrio roto. 
La secretaría de Análisis de Hijos de mil Putas de Volumen III, considera que hubo un tercer punto de giro en esa línea histórica y que ese señor se llama Eddie Van Halen. 
Por razones de tiempo, este espacio no ahondará en las dotes de este monumental violero; sencillamente compartirá una muestra de su demencial talento y lo felicitará en ocasión de su cumpleaños número 57. 
Qué viejos estamos, la gran siete.     


miércoles, 25 de enero de 2012

Papusa fogata

Ella nació granjera en un pueblo de Carolina del Norte, un 24 de diciembre de 1922, y es lógico: una degenerada de su talla inevitablemente tenía que venir al mundo en una Nochebuena. 
A los 19 años llegó a Hollywood con el obvio objetivo de consagrarse como actriz pero en el fondo de su corazón sabía que la verdadera razón era voltear muñecos sin cansancio, tarea que ejerció desde el primer día con una dedicación conmovedora.
Insaciable pero mujer de su época al fin, al poco tiempo recaló en el altar con un actor de aquél momento llamado Mickey Rooney, a quién destrozó en apenas dos años de desenfrenada lujuria e históricas partuzas sexuales y alcohólicas. El bueno de Mickey aceptó la derrota con una amplia sonrisa y un tierno concepto de su ex mujer, a la que calificó como "una verdadera sinfonía del sexo".
Semejante fama le garantizó a la hermosa morocha de ojos verdes una extensa fila de monchos que, sin temblores en el pulso, fue atendiendo de a uno, con ejemplar dedicación y denodado esmero. 
Acaso porque venía de una familia conservadora y religiosa, y porque reconoció en ese ambiente la recalcitrante dominación masculina, fue que ella se abrazó a las actividades venéreas con tanta pasión, comprometiéndose a aprender minuciosamente las artes amatorias con todas y cada una de sus técnicas "para evitar que ningún hombre jamás me domine en la cama", como confesó ya viejecita. 
Un día le llegó el amor de la mano del gran Frank Sinatra. Juntos construyeron una relación que fue toda una hecatombe y un ejemplo de popularidad entre los vecinos, que cada noche se agolpaban frente a la mansión para ver de qué se trataban aquellos escandalosos despelotes.
La cosa con Sinatra duró seis años. Ni siquiera un mito como él, famoso por organizar las orgías más desenfrenadas de su tiempo, pudo contener la salvaje naturaleza de nuestra papusa de la fecha, el animal más hermoso del mundo, como también le decían. 
Se llamaba Ava Gardner. Dicen que en su vejez, sola en su casa de Londres, lejos ya de la belleza que la había catapultado al cielo de las fantasías masculinas de todo el mundo, ella seguía escuchando las canciones de Frank. Tal vez en más de una oportunidad sollozó de melancolía al oír la siguiente. 

 

domingo, 22 de enero de 2012

Moncho puñetero

A los 12 años el pebete Cassius Clay asistió con indignación de perro al choreo de su bicicleta. Un turro, andá a saber quién, se la había llevado del poste en el que la había apoyado para entrar a la panadería del barrio, en su Louisville natal, provincia de Kentucky. 
Aconteció entonces que un tipo que estaba en el momento justo en el lugar indicado vio al niño recién currado y adivinó en su gesto de rabia las facciones de un campeón de raza, así que lo invitó a participar de su clase de boxeo, en el gimnasio del barrio. 
Diez años después, en 1960, el ex purrete ganaba la medalla dorada para su país en los juegos olímpicos de Roma, luego de tumbar a cuanto mono se le puso adelante con intenciones de paliza. 
Entonces volvió a la patria el buen gladiador, provisto de su presea y de un collar de laureles que se marchitaron de inmediato, puesto que ni la gloria deportiva le había quitado lo negro, y tuvo que bancarse que en un bar de blancos le prohibieran echar un cloro, incluso a sabiendas de que era la celebridad del momento. 
Fue tal la angustia de Cassius que llevó su metro ochenta y ocho y sus noventa y pico de kilos hasta la orilla del río y arrojó al agua la puta medalla al grito de "ma' sí, metanselá en el culo".
Pese al percance siguió con el yeite y poco tiempo después se convirtió en el campeón del mundo de los pesados luego de estropear al desgraciado líder de entonces, el también morocho Sonny Liston. Provocador impredecible, esa noche aprovechó la conferencia posterior al combate para informar que abandonaba el apellido de su esclavizador y pasaba a llamarse Muhamed Alí, porque se la bancaba. 
Más tarde se negó a matar gente en Vietnam "porque ahí nadie me llama negro", según contó. Luego soportó un juicio por deserción que lo mantuvo alejado del deporte por cuatro años. Cumplida la prohibición volvió a repartir roscazos y recuperó la corona. Un tiempo más allá la volvió a perder y hacia el final de su carrera la recuperó otra vez a lo guapo, fiel a su estilo, flotando como una mariposa y picando como una abeja. 
Nuestro querido amigo cumple 70 pirulos y es menester homenajearlo con  una canción suya. Sí, suya, porque un verdadero campeón no le teme a nada, ni siquiera a los estudios de grabación. 
Felicitaciones, maestro.