jueves, 29 de diciembre de 2011

Estupenda fealdad

Siempre listo para despacharse con un libro gordo, el semiólogo italiano Umberto Eco, publicó en 2007 su Historia de la fealdad, que viene a ser una continuación de un texto anterior llamado Historia de la belleza. 
El argumento del tano era sencillo pero lógico: una belleza es definida siempre por una fealdad. Son caras de una misma moneda y no existe la una sin la otra. 
En tal sentido, en el libro en cuestión, el autor rescata un valor de la fealdad no muy tenido en cuenta cuando dice por ejemplo que "Las sombras contribuyen a que las luces resplandezcan mejor". Esta frase, además de ser una buena razón para salir corriendo al Parque Rivadavia, es todo un consuelo para la populosa comunidad internacional de feos, que este cronista integra con angustiosa resignación. 
Ilustra este breve comentario una canción argentina interpretada por alguien que no ha sido consagrado como el más grande de todos debido a su ostensible fealdad, rasgo imperdonable para la industria cultural. 
Seguramente, siguiendo a Eco, nuestro personaje de hoy es la contracara de una moneda que en su lado resplandeciente tiene impresos el talento, la percha, y la sonrisa del morocho del Abasto. Y contra algunas verdades es vano todo sudor. 


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