jueves, 22 de diciembre de 2011

Hoochie Coochie Buenos Aires

Apiádese la divinidad de turno de las pobres almas que no escucharon todavía a la mítica agrupación Manal, una de las columnas sagradas del rock criollo.
Formada a fines de los 60 por el baterista, compositor y cantante Javier Martínez, el distinguido bajista Alejandro Medina y el irrepetible violero Claudio Gabis, Manal integra el tridente iniciático del rock nacional que completan Los Gatos y Almendra.  
Manal es el nacimiento del blues en castellano: inventó un sonido de fuerte identidad porteña y al mismo tiempo definió un estilo poético que se adaptó exactamente a las más finas exquisiteses de un género hecho para ser interpretado en inglés. 
En tal sentido, la destreza de Javier Martínez para dominar el idioma lo acabó por convertir en un referente incuestionable para muchos, especialmente, según estimo, para el Indio Solari, otro de los grandes 
maestros de la palabra.
Una de las perlas de la lírica de Manal es su fidelísima percepción los hechos de la vida cotidiana. En ese orden, me permito compartir tres piezas que resumen las virtudes señaladas en los párrafos precedentes. Son dos situaciones de enamoramiento platónico callejero que ustedes sabrán reconocer como propias y un diálogo implícito a manera de lista de consejos, para que la frustración no sea tan desesperante.
Déjense tocar por la voz demoledora de Javier y por los precisos redobles de sus tachos; regálense el placer de sentir el fraseo ingobernable de Claudio; entréguense a los sumbidos descomunales de Alejandro.
Y, si no les gusta, bueno... Después vemos. 


 


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